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Croacia: La gran sorpresa mediterránea

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La Costa Azul francesa, la bota con tacón de Italia, la interminable y atomizada Grecia, las exóticas islas de Chipre y Malta o el embrujo de Túnez suelen disputar a España el reinado turístico del Mediterráneo. Sin embargo, en medio de todas estas referencias hay un país con 6.000 kilómetros de playa, casi enteramente costero, que ha sabido recobrar el color tras dos décadas de conflicto armado con sus vecinos y antiguos compatriotas. Croacia la bella, la joya adriática, se erige actualmente como uno de los destinos más atractivos de Europa, gracias a unos recursos espectaculares, un bajo nivel de saturación en el mercado y, por supuesto, la suntuosidad de sus costas. Además, para los aficionados al baloncesto, es uno de los destinos de calidad en Europa: no en vano es la cuna del fallecido Drazen Petrovic, estrella de la NBA con los New Jersey Nets, Dino Radja, antiguo jugador de Boston Celtics, o Mario Hezonja, actual rookie estelar de Orlando Magic.

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El gran activo croata estriba en la espléndida muestra de riquezas naturales que este territorio obtuvo en el inicio de los tiempos. El litoral de la Dalmacia (que conforma buena parte de la costa croata) está bañado por las tranquilas aguas del Adriático, y sus parques naturales y montañas conforman un ecosistema privilegiado. La ciudad de Dubrovnik es, sin duda, el destino más habitual de quienes visitan Croacia desde otros puntos de Europa, y ha cobrado fama mundial gracias a su condición de escenario de “Game of Thrones”, la famosa serie de televisión.

Situada en el sur del país, muy cercana a Montenegro, su entorno amurallado es simplemente fantástico, aunque muy concurrido entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde. Hacen falta buenas piernas y poco miedo a las escaleras para disfrutar a plenitud de los tesoros arquitectónicos de Dubrovnik, que no obstante es más bien recomendable como lugar de pisa y corre, por su belleza… y lo relativamente elevado de sus precios, tanto en restauración como en hospedaje. El teleférico, las tiendas de la calle Stradun, la magia de la cercana Korcula (refugio favorito de Penélope Cruz y Javier Bardem) y la maravillosa isla de Lokrum (a 10 minutos en ferry), con sus pavorreales en libertad, son otros imanes de la zona.

Los lugares con encanto brotan por doquier. La península de Istria, al noroeste del país, es un buen ejemplo de alta densidad en el bagaje de maravillas. Las callejuelas de la ciudad vieja en Rovinj y su magnífico puerto son un canto al romanticismo y la magia de los pequeños detalles. La basílica de San Eufrasio, en Porec (también en la costa de Istria), data del siglo IV: una auténtica joya para los creyentes. El anfiteatro en Pula es el monumento más grande del siglo I, un emplazamiento privilegiado para las luchas de los gladiadores; la medieval Hum, por su parte, ha sido declarada recientemente la ciudad más pequeña en el mundo. La ruta de las mil islas que propone todo el litoral croata tiene un arranque espectacular en la zona, con enclaves tan curiosos como la minúscula Porer y su emblemático faro, construido en 1833. Istria, por otra parte, es la tierra de los olivares, y sus aceites son los más apreciados de la región. El parque Brijuni, cerca de Pula, es otro imperdible.

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La zona de Eslavonia (no confundir con Eslovenia, otra de las naciones escindidas de la antigua Yugoslavia) aporta a la oferta turística elementos tan vistosos como la ciudadela de Osijek, el Parque Natural de Papuk (el único parque geológico en Croacia inscrito en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) y las bodegas vinateras, con algunos de los mejores vinos del Mediterráneo. Eslavonia es famosa por surtir de roble para barricas a muchos países, como los famosos botti, muy populares en Italia. Entre los vinos locales, el tinto procede de variedades bordelesas como el cabernet o Merlot, mientras que los mejores blancos surgen de variedades como vugava, debit, pošip, vrbnička žlahtina, marastina… hay que probar el grk de Korcula y el prosek, caldo muy popular en todo el país. Para comer, como en todo el país, no se puede obviar el delicioso hojaldre llamado burek, servido con queso.

Kvarner es otra zona marítima de gran impacto turístico: destaca la ciudad de Opatija, sus parques, la inmensa isla de Krk (la más grande del Adriático) y una gastronomía en la que destaca el marisco. El paisaje cambia radicalmente en Gorski Kotar, región montañosa llena de bosque, llamada el pulmón de Croacia: es el hogar de las águilas, los lobos, los osos… y los deportistas, especialmente ciclistas y escaladores.

En la ruta de emplazamientos mágicos hay nombres ineludibles: Lubenice, por ejemplo, es un pueblecito de piedra ubicado en un peñasco de 378 metros en la isla de Cres. Por su parte, la ciudad de Rab (también insular) exhibe cuatro campanarios eclesiásticos, románicos y las tres calles principales, la Superior, la Mediana, y la Inferior: es el hogar de valiosas iglesias medievales y los palacios patricios. Está Skradin, cerca de Sibenik, argumenta la visita con sus molinos, el imponente Parque Nacional de Krka, la cercana y bellísima Trogir o las cascadas de Skradinski Buk, que conquistaron al mismísimo Bill Gates. En Brac, por otro lado, se encuentra la famosa playa Zlatni Rat, que cambia de forma según la marea y el viento.

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La isla de Rab es famosa por sus preciosas playas de arena, con mención especial para el kilómetro y medio de arena paradisíaca en Lopar. Cerca de la ciudad de Split está otra de las joyas croatas: los 16 lagos interconectados de Plitvice. Las aguas que fluyen sobre la piedra caliza están contenidas parcialmente por barreras de travertino, que se han constituido en presas naturales y han creado una serie de hermosos lagos, cuevas y cascadas. A un ferry de distancia, las islas de Hvar (la nueva Saint Tropez, destino favorito del público con el más alto poder adquisitivo, desde el príncipe Harry de Inglaterra y Carolina de Mónaco a famosos de
Hollywood como Kevin Spacey, Clint Eastwood, Jeremy Irons, Edward Norton o Kurt Russell) y Miljet. En la misma ciudad de Split está uno de los monumentos más populares de toda la nación: el palacio de Diocleciano.

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La ciudad de Zadar es una de las más importantes de Croacia. Entre sus atractivos destaca la iglesia de San Donato, una joya arquitectónica de la Alta Edad Media que, por su acústica excepcional, suele albergar eventos musicales. También brilla la catedral más pequeña en el mundo, Santa Cruz, en la vecina localidad de Nin. La capital, Zagreb, es una ciudad bulliciosa y elegante, acogedora con el turista y dotada de todos los servicios modernos, sin perjuicio de un cuidado especial de su conjunto histórico. Además de un paseo gastronómico por los locales de la calle Tkalčićeva, hay que visitar la Ciudad Superior (Gornji grad), la catedral de San Marcos y el inmenso mercado de Dolac.

En suma, Croacia es inagotable para la curiosidad del viajero. Una mezcla de encanto, sencillez, belleza natural, historia y modernidad, en pleno corazón de Europa, que ha sabido cerrar con éxito las heridas de una guerra para brillar como destino turístico de primer orden.

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