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El culto a la justicia

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PRIMERA PARTE

Virtudes Cívicas

Una de las principales virtudes cívicas que todos deben conocer y practicar, indispensables para llegar a ser un buen ciudadano, son las siguientes:

10—El culto a la justicia.—

Todas las virtudes cívicas enumeradas antes, tan útiles, necesarias e indispensables para llegar a ser un buen ciudadano, están contenidas en su conjunto en la virtud máxima, que es la base esencial e imprescindible de la vida en común: el culto a la justicia. Esta es la más elevada de todas las virtudes, quienes la poseen están más cerca de Dios.

 Dios, en su infinita misericordia, es justo. Cristo, enviado por Él, fue el artífice, predicador y ejemplo vivo de abnegación, que ofreció su vida por la implantación de los principios de moral y justicia, tan necesarios para la buena comprensión y el amor entre todos los seres humanos. Sin justicia no hay paz, ni orden, ni comprensión, ni armonía, ni derechos, ni ambiente para la vida en común. Pero la justicia no se establece por medio de leyes, ni reglas especiales. Ella debe ser inculcada en las mentes de todos, como se enseña a caminar, a comer, a pensar. Que sea una idea consustancial con nuestra naturaleza. Inculcarla conscientemente en la mente de todos, por padres, maestros, periodistas, sacerdotes, conferenciantes, etc., hasta estereotiparla de tal modo que actuemos con ella como Norte y guía, inconscientemente, como un hábito, en todas las actuaciones de nuestra vida.

 El principio fundamental de la justicia está contenido en el siguiente precepto: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”, y “haz a los demás lo que deseas que te hagan a ti”. Al realizar cualquier acto en la vida, pongámonos en el lugar de los demás, para saber qué efectos producirán en los demás nuestros actos, por la reacción que esos actos producirán en nosotros.