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Isla Saona

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Una de las joyas de la geografía dominicana es la isla Saona, un paraíso tropical al sureste de Bayahíbe, situada en el Parque Nacional del Este, reserva terrestre y marítima con diverso ecosistema.

El almirante Cristóbal Colón la descubrió en 1494 y la llamó Bella Savonesa, en honor al savonés Miguel Cunneo, quien le advirtió que no pertenecía a La Española. En ese entonces la habitaban los indios taínos, que le pusieron el nombre de Adamanay. Con una superficie de 117 km2 y apenas un par de pueblos de pescadores, el viajero que la visita hoy se puede extasiar con sus cristalinas playas de finas arenas blancas, las pintorescas casas de madera, frondosos palmares y especies que conforman un hábitat muy propio del Caribe.

La isla Saona, una de las más hermosas de la región, posee tres lagunas y sus costas están contorneadas por arrecifes que albergan especies marinas fáciles de apreciar sin dificultad con la práctica del buceo. Las rutas para llegar hasta la isla son varias, ya que es posible hacerlo desde Bayahíbe, Boca Chica, Juan Dolio, Punta Cana y Santo Domingo.

En catamarán

Un servicio de catamaranes está disponible y la travesía toma como mínimo una hora y media. Muchos hoteles y turoperadores incluyen este recorrido entre sus excursiones para deleite de los turistas, quienes prefieren salir a primeras horas de la mañana con el propósito de aprovechar al máximo la estancia en el idílico lugar. No faltan a bordo los contagiosos ritmos dominicanos, la bachata y el merengue marcan el viaje que se armoniza con celebración, ron, frutas tropicales y aperitivos.

También es posible recorrer la distancia en una lancha rápida desde Altos de Chavón, una aventura a la que hay que añadir el interesante dato que varios tramos del río Chavón sirvieron de escenario a algunas de las escenas de taquilleras películas como “Apocalypse Now” y “Parque Jurásico”.

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Mano Juan

Al ser una isla protegida, Saona no admite más edificaciones de las que ya existen: Catuano, destacamento de la Marina ubicado en el extremo oeste, y Mano Juan, poblado principal localizado al sur. Este último es una parada obligatoria para disfrutar de la playa y de un almuerzo buffet que incluye langosta y frescos pescados. Aquí es posible visitar el Tortugario Pelagio Mano Juan, la Laguna de los flamencos, y quedará tiempo libre para refrescarse en la piscina natural de Palmillas. Los más románticos pueden optar por tumbarse en una hamaca a dejar que la brisa los acaricie y contemplar el imponente panorama.

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Senderos

Dos senderos posibilitan recorrer la isla. El primero, de 13 kilómetros, entre Punta Catuano y Mano Juan, pasa por la Laguna de los Flamencos y Punta Cacón. El otro, de Mano Juan a Punta Cruz, cubre 12 kilómetros y se distingue por el arrecife de Caballo Blanco que se halla frente a la isla. En este lugar reposan los restos de un galeón hundido en siglo XVIII, que se convierte en un espectáculo para los amantes de la arqueología submarina.

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Un edén arqueológico

En los últimos años ha ganado notoriedad entre los dominicanos, quienes la eligen para practicar turismo interno no solo por sus bellezas naturales, sino por sus cuevas y otros yacimientos arqueológicos que revelan su pasado aborigen, como la famosa Cueva de Cotubanamá, llamada así en honor al cacique taíno homónimo.

Según datos facilitados por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el Parque Nacional del Este alberga 539 especies endémicas de flora y varios ecosistemas, entre ellos bosques semihúmedos, matorrales y manglares. En el canal de Catuano, que separa la isla Saona de la isla La Hispaniola, existen cuatro especies neotropicales de manglar: negro, rojo, blanco y botón. En Saona también se han identificado especies endémicas como el manatí, la cotorra verde –en peligro de extinción– y el murciélago pescador.

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Además de los poblados Mano Juan y Catuano, las extensas playas y los fondos coralinos, el viajero puede visitar las lagunas Secucho y Canto de la Playa, y el punto más alto de la isla, Alto de la Vigía. Los amantes de la tranquilidad, los entornos naturales y la vida simple encuentran aquí el destino perfecto para alejarse por un día del ruido de la ciudad.

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