Por Adrian R. Morales
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En el litoral de La Romana, la hospitalidad se manifiesta como un escenario de alta precisión donde el cuerpo y la técnica alcanzan su máximo nivel de expresión. Casa de Campo Resort & Villas trasciende el concepto tradicional de alojamiento y se posiciona como un nodo geográfico donde el rendimiento físico y la maestría técnica ocupan el centro de la escena. En una época definida por la búsqueda de la excelencia personal y la disciplina competitiva, este enclave dominicano articula un ecosistema donde cada práctica recibe el trato de una competición de alto nivel.
Para comprender la estructura de este proyecto, conversamos con Andrés Pichardo Rosenberg, presidente del resort. Su enfoque, ajeno al del gestor hotelero convencional, responde al de un estratega que sitúa al deporte como el eje gravitacional de toda la experiencia del huésped.

La infraestructura como activo estratégico
La permanencia de un complejo de esta magnitud en la cima de la preferencia global evita la inercia. Demanda una inversión intelectual y material sin pausas. Garantizar instalaciones bajo los estándares de la PGA o normativas del polo de alta competencia requiere una visión ajena al simple valor inmobiliario.
«En Casa de Campo Resort & Villas el turismo deportivo forma parte esencial de nuestra identidad. Nuestra estrategia se basa en la inversión continua en infraestructura de clase mundial, una programación deportiva activa durante todo el año y alianzas con federaciones y marcas extranjeras», explica Pichardo Rosenberg. Esta filosofía atrae a un perfil de visitante que rechaza el descanso pasivo y persigue la superación técnica.
Según el presidente, la recurrencia de eventos de gran trascendencia y la alta tasa de repetición de los atletas aseguran la sostenibilidad de la modernización a largo plazo. Este modelo alimenta un flujo de viajeros comprometidos con la excelencia que dinamizan la marina y los centros gastronómicos del resort.
El renacer de la precisión: la arquería como novedad técnica
El estruendo del tiro al plato destaca como un referente histórico en su centro de tiro de casi un millón de metros cuadrados, uno de los más completos del hemisferio. Sin embargo, el complejo potencia ahora una disciplina que apela a la serenidad y la exactitud absoluta: el arco y flecha. Esta adición se aleja de la simple actividad recreativa. Representa una instalación renovada y rigurosa para quienes entienden el tiro con arco como un diálogo entre la concentración mental y la ejecución física.
El nuevo campo de tiro cuenta con diez estaciones de práctica bajo estándares de torneo. La disposición de los carriles incluye dianas de estilo profesional y objetivos de tamaño real. Estos elementos permiten que tanto el neófito como el arquero experimentado encuentren un desafío a su medida. Bajo la guía de instructores certificados, el huésped se sumerge en la biomecánica del tiro. Perfecciona la postura, el anclaje de la flecha y el control de la respiración en un contexto que equilibra la tensión del arco con la quietud del paisaje. Esta apuesta por la arquería refuerza la intención de cubrir todo el espectro de la habilidad motriz: desde la potencia de los deportes náuticos hasta la sutileza de la puntería.
Sobre la rentabilidad de estas apuestas, Pichardo Rosenberg es enfático: «El turismo deportivo en Casa de Campo es una unidad de negocio madura. Genera ingresos directos a través de torneos, academias, membresías y eventos corporativos, además de estimular el consumo en villas, marina, restaurantes y servicios complementarios».
El golf: un patrimonio de ingeniería y paisaje
El golf en Casa de Campo representa el diálogo más exitoso entre el diseño humano y el entorno natural. Los campos creados por Pete Dye son obras de ingeniería que colocan a República Dominicana en el mapa de la élite deportiva global. Mantener el emblemático Teeth of the Dog en condiciones de competición requiere una supervisión especializada, equipos técnicos certificados y sistemas de drenaje de vanguardia.
Pichardo Rosenberg resalta el peso de este legado en la proyección nacional: «Los campos diseñados por Pete Dye, incluido el emblemático Teeth of the Dog, han sido consistentemente reconocidos entre los mejores del Caribe. Esta proyección internacional posiciona a la República Dominicana como un destino líder de golf, al atraer torneos, jugadores profesionales y prensa especializada que amplifican la reputación del país en el ámbito deportivo global». Esta infraestructura actúa como una plataforma de visibilidad que convierte al complejo en un escenario de relevancia para competiciones de alto rendimiento.

Del Racquet Center a la tradición del polo
La capacidad de adaptación define la vigencia de este destino. El antiguo centro de tenis evoluciona hasta convertirse en el Racquet Center, la instalación más completa de su tipo en el Caribe. Bajo la dirección técnica de Matías Territoriale, este espacio integra 11 canchas de arcilla Har-Tru con un sistema de secado rápido y una pista de superficie dura Plexipave. Esta última resulta idónea para quienes entrenan con la mirada puesta en torneos de la magnitud del US Open. Además, la expansión a cuatro canchas de pádel con iluminación LED y la incorporación de cuatro canchas permanentes de pickleball demuestran agilidad para integrar las tendencias actuales de bienestar.
El polo sigue como pilar de elegancia y potencia. Con tres canchas de tamaño reglamentario y un Centro Ecuestre que gestiona más de 250 caballos, el resort ofrece una infraestructura profesional. Incluye clases impartidas por jinetes calificados y el alquiler de ponis de polo de raza cuarto de milla, famosos por su agilidad. Es un ambiente donde el espectador y el jugador conviven en un calendario que atrae a las figuras más influyentes de la disciplina entre noviembre y abril.

Hacia una visión de rendimiento integral
La evolución de Casa de Campo se apoya hoy en la innovación y la precisión técnica. El atleta contemporáneo no solo busca practicar su disciplina, sino comprender su propio rendimiento a través de la ciencia aplicada al deporte. En este sentido, el complejo incorpora herramientas de vanguardia para asegurar que la estancia de cada huésped se traduzca en un progreso real en su técnica personal.
Como conclusión de esta apuesta por la excelencia, Pichardo Rosenberg define el norte: «Nuestra visión es evolucionar hacia un concepto de rendimiento integral donde deporte, salud, bienestar y hospitalidad de lujo converjan en una experiencia completa». Esta estrategia configura un espacio donde la técnica, la naturaleza y el rigor redefinen el viaje deportivo en el siglo XXI.







