Por Ramón Tejeda
Director de Mercadeo y Ventas
Coral Hospitality Corp
Hay personas que separan su vida profesional de la personal. Yo no. En mi caso, ambas caminan juntas… y, a veces, ascienden.
He tenido la oportunidad de vivir experiencias de altura en montañas como el Kilimanjaro, La Malinche en México, el Aconcagua, subir en más de una docena de veces al pico Duarte, y recientemente caminar hasta el Campo Base del Everest y Kala Patthar. La altura cambia la forma de pensar: exige foco, respeto por el ritmo, lectura del entorno y decisiones claras cuando el margen de error es mínimo.
La montaña no es solo un desafío físico. Es preparación, criterio y trabajo en equipo. No se avanza por impulso; se avanza por coherencia. Ese aprendizaje ha marcado mi manera de vivir y de trabajar.
Desde hace más de 20 años estoy ligado a Coral Hospitality Corp, hoy como director Corporativo de Mercadeo y Ventas. En ese recorrido he entendido que las empresas, como las expediciones, necesitan visión, disciplina y personas capaces de sostener el rumbo, incluso cuando el terreno cambia.

En cada viaje llevo conmigo la bandera de República Dominicana, y también la marca que represento, una manera de mostrar orgullo de pertenecer a una organización que cree en el crecimiento bien hecho. No se trata de exhibir un nombre, sino de actuar con coherencia, profesionalismo y respeto por las personas.
Mi formación como mercadólogo y psicólogo, entre otras experiencias, me ha enseñado a observar, escuchar y comprender cómo toman decisiones las personas y los equipos en contextos exigentes. La altura, al igual que el mundo empresarial, pone a prueba la claridad mental, el equilibrio y la capacidad de responder con responsabilidad.
La innovación, tanto en la montaña como en la empresa, no es un gesto espectacular. Es mejorar procesos, anticiparse,elegir bien y cuidar los recursos. Es avanzar con inteligencia, sin comprometer el futuro por resultados inmediatos.
Ese mismo enfoque guía mi manera de entender el liderazgo y el turismo. Cada decisión tiene impacto: en quienes trabajan con nosotros, en las comunidades que nos rodean y en el entorno que compartimos. Por eso creo en un crecimiento responsable, en el que el resultado económico convive con el compromiso social y el respeto por el lugar donde operamos.
Las montañas me han enseñado algo esencial: nadie llega solo. Siempre hay una red invisible que sostiene cada paso. Mi familia, mis amigos y los equipos con los que trabajo forman parte de ese soporte. Compartir los logros es tan importante como alcanzarlos.
Seguiré caminando en altura y en mercados. Seguiré aprendiendo del silencio de la montaña y en el progreso sostenido de Coral Hospitality Corp. Y continuaré avanzando con la convicción de que liderar es saber hasta dónde llegar, cómo hacerlo y con quién hacerlo.
Al final, tanto en la montaña como en la vida profesional, la verdadera cumbre no es el punto más alto, sino la forma en que se recorre el camino.








