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En la “tercera juventud” viajar significa vivir

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En la “tercera juventud” viajar significa vivir
En la “tercera juventud” viajar significa vivir
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El turismo es una actividad sin límite de edad. Los beneficios de viajar son numerosos y en ocasiones no nos percatamos de ellos, hasta que llegamos a la jubilación y comprendemos que convertirnos en turistas –en nuestra propia ciudad o en el extranjero– es lo mejor que nos puede suceder. Y si el destino es República Dominicana, las condiciones para el disfrute se multiplican gracias a ese don de hospitalidad que caracteriza a sus habitantes.

Franziska y Herman son una pareja de alemanes que cada año viaja a un exclusivo complejo hotelero cinco estrellas de Punta Cana. Allí disfrutan de la tranquilidad de su retiro, bajo una sombrilla en la playa y mojito en manos. Los atardeceres de película, el agradable susurro de la brisa y el azul turquesa del mar no les hacen tener dudas: están en un privilegiado lugar del planeta.

En la noche Franziska luce un vaporoso vestido de verano y Herman camisa azul y pantalones blancos de lino. La vida nocturna en este rincón del Caribe les fascina, les trae de vuelta a sus años mozos. Se encaminan hacia el restaurante a la carta que han elegido para la velada. Son clientes VIP por su fidelidad al resort.

Al mismo tiempo, pero en otro escenario del hotel, Marie saborea un delicioso bloody mary. Ella viaja sola, al igual que otros huéspedes, como Frederick, que ha encontrado en el golf una nueva pasión. Ambos están en su séptima década de vida y a pesar de tener familias constituidas, deciden irse por su cuenta a conocer otras culturas, compartir con personas de su edad y hacer nuevas amistades.  

En unos minutos se hace sentir la presencia de la gerente de Servicio al Cliente, quien los encamina hasta el restaurante de la playa, y como verdaderos reyes los atiende un personal muy calificado. Llega la tarde del miércoles, el grupo de adultos mayores esperaba con ansias el coctel especial para clientes repetidores. En el encuentro bajo el gazebo, donde no se escatima en bocadillos y bebidas, el director del hotel ofrece su acostumbrado discurso políglota, tan emotivo que a más de uno se les escapa una lágrima –se sienten en familia.  A cada uno lo llama por su nombre, como si los conociera de siempre, y les entrega sus bolsas corporativas con la camiseta que reza “Cliente repetidor”. No falta el suvenir de artesanía típica y la promesa de que al día siguiente recibirán en su habitación la fotografía de grupo.


República Dominicana, un destino predilecto

Tal experiencia resulta maravillosa para el grupo de adultos mayores, aunque yo prefiero llamar “tercera juventud” a esta etapa del ciclo vital, pues así se siente; es el deseo de conocer todo con vehemencia. Nada como los lugares idílicos de la geografía dominicana para cumplir esos sueños después de una larga trayectoria por la vida. Es un premio para los sentidos acunarse en esta media isla, localizada –como dijo el poeta nacional Pedro Mir– “en el mismo trayecto del sol”.

Varios establecimientos hoteleros del país disponen de programas específi cos para este tipo de huésped. Por ejemplo, el hotel Occidental Caribe, en Punta Cana, tiene pensado para sus clientes de la tercera edad caminatas en la playa, ejercicios de estiramiento, clases de aeróbicos, actividades en las piscinas, juegos de mesa, clases de baile (bachata, merengue, salsa), clases de decoración en frutas, show nocturno (cada noche hay música en vivo) y más.

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Rubí Peña, gerente de Ventas del establecimiento, nos cuenta que se trata de clientes que vienen por estancias de cinco, siete y 14 noches, viajan junto a la familia y también solos. “Disfrutan al máximo, son amigables y suelen ir de compras (suvenires sobre todo), otros prefi eren las excursiones”, puntualiza.

“El año pasado hicimos negociación con una agencia argentina que se especializa en personas jubiladas y por esa vía recibimos más de 1.000 huéspedes, divididos en grupos semanales de 50 a 60 personas. El rango de edad oscilaba entre 60 y 92 años. Este tipo de cliente es muy agradable y divertido; disfrutan de las actividades del programa y de las fiestas temáticas que preparamos para ellos”, señala la gerente.

El hotel de Rubí –al igual que la mayoría de establecimientos de su tipo en el país– cuenta con un sistema de cámaras de seguridad en toda la propiedad, lo cual es muy conveniente para este segmento de clientes. “Además, tenemos un plus, estamos en primera línea de playa y disponemos de rampas y habitaciones para personas con capacidades diferentes”, indica la entusiasta ejecutiva.


Beneficios de viajar para el adulto mayor


En la actualidad, la mayor parte de la población tiene una esperanza de vida igual o superior a los 60 años. Para 2050, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la población mundial en esa franja de edad llegue a los 2.000 millones, un aumento de 900 millones con respecto a la existente en 2015. Hoy las personas con 80 años o más suman 125 millones, mientras que para 2050 ese número será de unos 434 millones.

Muchas de las personas mayores que viajan lo hacen con la ilusión de conocer esos lugares que siempre añoraron y no tuvieron tiempo u oportunidad de descubrir. Según la doctora dominicana Ramona Mota, gerente de Salud y Seguridad Social con más de 27 años en servicios de consultas, los viajes son una experiencia enriquecedora a cualquier edad, pero en el adulto mayor elevan más la autoestima.


“La salud no es solo la ausencia de enfermedad, está relacionada con aspectos importantes en la vida de la persona, con su relación con el medio ambiente y el mundo exterior, el estado de sus lazos afectivos, laborales y sociales. Un pensionado precisa de un balance en sus niveles de diversión y esparcimiento como mecanismos contra el estrés, la depresión y la ansiedad”, argumenta la especialista.


“La actitud ante la vida cambia para mejor, pues las vacaciones nos ponen de buen humor y nos dan fuerzas para ser más independientes y sentirnos más útiles. También es una manera de fomentar la creatividad y desempeñar tareas que requieran de mayor atención. Si el destino elegido tiene playa, los baños de mar contribuyen a aliviar la circulación y los efectos de enfermedades reumáticas. Y en ese aspecto en República Dominicana nos sobran los hoteles con playas de ensueño, aptas para el goce pleno de los viajeros de la tercera edad”, concluye la doctora Mota.

Es fundamental velar por la calidad de vida de aquellos que en su momento fueron la base de la constitución de una familia. Muchos países hacen esfuerzos para fomentar el turismo inclusivo y las atenciones para estos seres que melenas al viento despeinan el oro gris de sus recuerdos, con su deseo de imprimir alegría y vitalidad a las huellas de amor dejadas a lo largo de su existencia.

Por Anita González Sigler Redactora lunaparche@gmail.com

Por Anita González Sigler
lunaparche@gmail.com




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