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Es tiempo de la Autovía Internacional del Caribe, a propósito del muro fronterizo

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Dice el Eclesiastés que “Hay un tiempo señalado para todo” y este es el tiempo de la Autovía Internacional del Caribe, porque tenemos un presidente de lujo, visionario y capaz de hacerlo sin que suene un tiro y sin enajenar al país.

Colón entró por La Isabela con sus tres carabelas y Sir Francis Drake en su Golden Hind inglés llegó por La Tortuga. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Más de cinco siglos. Desde entonces, y hasta nuestros días, países europeos y otras potencias del norte y allende los mares se disputan la hegemonía de esta isla enclavada en el corazón del Caribe. 

Por aquí pasaron los más connotados exploradores y explotadores del mundo conocido y no hace falta hacer el recuento histórico de sus “proezas” ni de toda la sangre derramada por ese afán de lucro desmedido, con el que lograron diezmar las poblaciones indígenas y apoderarse de las riquezas de esta tierra pródiga bendecida por Dios. 

Esas inconductas todavía sin sanción, que generan razonamientos comprimidos en la memoria histórica de nuestros pueblos, también han logrado crear conciencia y forjar el temple de los dominicanos que ya no transigen en volver un paso atrás porque entienden que pasó la época de cambiar oro por espejitos, y nada ni nadie puede lograr en estos tiempos que una nación independiente ceda sus derechos ciudadanos, éticos y económicos a la codicia de los rapaces irresponsables que deambulan para pescar en río revuelto.  

Hasta ahora todos los intentos realizados para regularizar lo concerniente a la migración de los ciudadanos haitianos que llegan al país –y deciden quedarse a vivir aquí de manera irregular– han fracasado. De 1938 en lo adelante, no han valido los tratados, convenios ni modus operandi firmados por estos dos países, refrendados por los organismos internacionales y el poder hegemónico del mundo.  

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El Gobierno de República Dominicana, auxiliado por las facilidades que ofrece la tecnología, le ha dado un giro copernicano al asunto, al crear una plataforma técnicamente viable para llevar a cabo un plan “maestro” de normalización de extranjeros. 

Ese Plan Nacional de Regularización de Extranjeros –a partir del 15 de julio del 2015– procedió a entregar en todo el territorio nacional los carnés a los extranjeros que completaron a tiempo el proceso acatando el llamado de las autoridades. Del registro de 300 mil haitianos, apenas 200 mil lograron acogerse al plan que les permite residir legalmente en nuestro país; del resto no sabemos cuántos son ni cuántos quedan porque son muchos más de los que inicialmente estaban registrados.

Señor presidente Luis Abinader, consciente del esfuerzo que realiza por lograr un millón de empleos bien remunerados, nos permitimos con todo respeto compartir un sueño personal que no tengo dudas usted como visionario puede realizar para coronar su obra más allá de sus mandatos sin mayor endeudamiento para el país.

1.- Señor presidente, aproveche la promoción que nos mantiene en la palestra pública global para licitar, también a escala mundial, la construcción de la Autovía Internacional del Caribe.

En la biblioteca de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña hay una tesis de  grado del año 2015, muy completa, que propone el diseño de estructuras básicas para el control de los 391 kilómetros de la frontera, que puede iluminarse con led y protegerse con circuitos de cámaras que apenas necesitarían 8 búnkeres artillados para vigilancia con tecnología de punta. 

Con esta autovía turística, Montecristi se posicionaría como puerto de entrada y salida de cruceros  y los pasajeros que se desplacen hasta Pedernales pueden hacer posada en paradores y hoteles tipo “Holiday Inn”. Una autovía turística donde los haitianos exhiban sus pinturas y artesanías del lado oeste y los dominicanos en el lado por donde sale el sol; con los puentes sobre el río Artibonito, lagos y lagunas, y sobre el Masacre, para que este río nunca más “se pase a pie”

Imagine los resultados de ofrecer la primacía de ser el primer país de América que en vez de muros abre sus brazos a un multidestino de diferentes etnias.

2.- Tan pronto inicie la construcción, que sería administrada por fideicomiso, se debe solicitar al señor AntónioGuterres, secretario general de la ONU, la intervención de sus buenos oficios para gestionar una donación que construya en Haití dos hospitales materno-infantiles colocados a 100 km uno de otro, en la ladera oeste de la vía. Uno donado y administrado por el Reino Unido, que honraría la memoria de Sir Francis Drake, y el otro donado y administrado por Francia para reconocer a ToussaintL’Ouverture, el libertador de sus esclavos. 

Por supuesto, en esa ladera oeste debe volver –por un tiempo– la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH) para vigilar la zona.

3.- La ladera este debe vigilarla y preservarla con celo una Comisión de Frontera presidida por usted, compuesta por expertos en la materia, que hablen francés y creole, y representantes de los ministerios de la Presidencia, las Fuerzas Armadas, Aduanas, Migración, Turismo, Relaciones Exteriores, Interior y Policía y la DNCD, para que a una sola voz se enmiende la plana en cada situación. 

El gobierno dominicano otorgaría incentivos y facilidades para invertir en instalaciones de Zonas Francas y replicar el modelo del Merca Santo Domingo en Montecristi, Dajabón, Restauración, Elías Piña, Juana Méndez, La Descubierta, Jimaní y Pedernales, “pa’ que se acabe la vaina” de denostar la calidad de los productos dominicanos a través del Lobbying Disclosure mendaz que emprenden las élites haitianas siempre que desean llamar la atención mundial para lesionar a República Dominicana. 

Piénselo, señor presidente, el reperpero con Haití es un “mejunje” que no es “paja pa’la gaisa”, pero si usted enarbola esa otra bandera en Capotillo, se acabó la oscuridad, “el paso de monte y culebra”“el cruce de maco con cacata” y yo despertaría del sueño hondo y profundo en que dormía.

Por Rita Cabrer

Editora en Jefe de Bohío

rita@lacotica.com