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Haití como oportunidad para nuestro desarrollo

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Mucho se habla en estos días de nuestro vecino país Haití, en especial desde el enfoque de la reciente sentencia del Tribunal Constitucional, y toda la polémica nacional, binacional e internacional que se ha suscitado alrededor de la misma. 
Ha sido siempre tema de nuestra agenda nacional la denominada ‘problemática haitiana’. Pero las discusiones de hoy parecen pretender olvidarse de enfocar el problema desde su estructura más sensible y primaria, Haití como nación hace mucho tiempo que no puede sola.

 
Ahora bien, ¿qué tanto puede República Dominicana desarrollarse plenamente sin que Haití se desarrolle, cuando ambas naciones comparten una misma isla? es la pregunta que muchos sectores, incluido nuestro sector empresarial, debería plantearse. 
Más que enfocarlo como un problema, es ya tiempo de ser propositivos, ir a los males de fondo y atacarlos desde ahí. Sin forma de rebatirlo es una verdadera realidad que Haití hace tiempo que carece de tierra fértil, empleo, agua, electricidad, instituciones, garantías, seguridad ciudadana, alimento, además de su sobrepoblación y los desastres ecológicos y naturales que la han abatido y que se encuentran exacerbados por la excesiva disparidad de los niveles de ingresos en el país vecino. Haití es, no solamente el país más pobre del continente sino que también aquel donde las distancias son más grandes entre ricos y pobres. Aun con nuestras precariedades de este lado de La Hispaniola, no hemos corrido con tan nefasta suerte. Sin embargo, parecería que el empresario dominicano bien pudiera generar oportunidades de desarrollo, comercio y crecimiento sostenible en la frontera y el vecino país. Luce que es tiempo de que el sector privado impulse, en una u otra medida al público, como lo hace con tantas otras iniciativas, mirando hacia la frontera, pero mirándola como un nido de oportunidades esperando a ser explotadas y no tan sólo como un problema. 
 
Hay iniciativas estudiadas y antecedentes positivos que dieron en su momento sus frutos. Tal fue el caso del denominado Fondo Hispaniola, creado por el Dr. Luis Heredia Bonetti, en el marco de la “Semana Dominicana”, que en los años noventa, en poco tiempo, pero con mucho empeño logró sembrar la idea de la necesidad de un canal institucional apto para hacer factible la cooperación de la comunidad internacional en la recuperación de Haití y el alivio a las tensiones derivadas de un flujo migratorio incontrolable a República Dominicana desde Haití. El Fondo Hispaniola en esa época contó con beneplácito de los gobiernos dominicano, haitiano, estadounidense y organismos internacionales esperanzados en que podía ser una luz al final del túnel. Así como este Fondo, han existido y constan un sinnúmero de iniciativas creadas en forma estudiada y consciente, y lejos de oportunismos, han sido propuestas objetivas y fundamentadas en la única intención de tener mecanismos tendentes a estimular adecuadamente las buenas relaciones comerciales, de mano de la comunidad internacional, en la recuperación de Haití. 
 
Haití no debería ser visto exclusivamente como un problema de Estado sino como un reto necesario y oportuno para nuestro pleno desarrollo que le atañe a los sectores productivos nacionales también, y es quizás momento de que el empresario dominicano pueda ver nuestra frontera y al vecino como un lugar para invertir. Nuestra Constitución y ciertas leyes, cuestionadas o no, respaldan hasta cierto modo estas iniciativas. Haití es nuestro mercado natural y más próximo. Pensemos en recursos mineros a través de exploración y explotación minera, en exportación hacia Haití de nuestra producción agrícola, agroindustrial e industrial. Haití necesita infraestructura, energía eléctrica, agua potable, remesas, telecomunicaciones, entre otros servicios.
La distancia entre los niveles de desarrollo político, económico y tecnológico entre ambas naciones ha aumentado exponencialmente, por tal razón la deseable reciprocidad de las relaciones se ha visto dificultada por dicha asimetría, puesto que las prioridades de cada nación no son siempre coincidentes y las iniciativas no se desarrollan a ritmos constantes. 
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De acuerdo con informes del CEI-RD, en el período 2007-2011 el valor del intercambio comercial entre ambos países alcanzó un monto de US$3,189.26 millones, mientras el intercambio comercial alcanzó un valor de US$2,845.19 millones a favor de República Dominicana. Las exportaciones dominicanas dirigidas hacia Haití han tenido un comportamiento creciente, al pasar de US$433.68 millones en 2007 a US$872.73 millones en 2010. En el transcurso enero-junio 2011 las exportaciones dominicanas hacia Haití fueron US$499.76 millones, lo que evidencia el gran socio comercial que representa nuestro vecino. Mientras, las importaciones procedentes de Haití han registrado valores relativamente bajos. Para el año 2007 las importaciones a República Dominicana de origen haitiano fueron de US$59.86 millones, los valores importados en enero-junio del 2011 alcanzaron US$9.23 millones.
Las propuestas de solución pueden versar sobre una decena de aspectos, todos importantes y necesarios, incluidas propuestas normativas y una política desde el sector oficial y el privado que impulsen un real desarrollo, pero para iniciar empecemos por el paso más básico y esencial, que es cambiar el estigma, y el reiterado discurso de que es nuestro hermano país y tal vez no hacemos lo necesario para cooperar en la solución de algunos de sus problemas que nos afectan. Ponderemos cómo desde el sector privado nuestra comunidad empresarial puede colaborar con Haití y nuestra frontera, en relaciones comerciales de ganar-ganar. No esperemos que sea el gobierno que tome el primer paso, pensemos en Haití como en nuestro próximo “4%”. Voces optimistas con discursos propositivos y visionarios son necesarias en este importante momento de nuestra relación con Haití. Opiniones pertinentes que den prioridad a soluciones que ataquen los males de fondo de una migración que parece incontrolable, pero que tampoco parará si en Haití y en la frontera no hay oportunidades para el desarrollo de una vida digna. Propuestas desde enfoques innovadores a situaciones que no son nuevas. Haití pudiera ser visualizada como parte de nuestro desarrollo, si somos capaces de identificar oportunidades de comercio e inversión que contribuyan a que el nivel alrededor de la frontera mejore y frene la propensión a la creciente migración. 
 
Por José Maldonado Stark y Monica Villafaña
Abogados 
Russin, Vechi & Heredia Bonetti 
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