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Una historia de éxito y buena cocina: Il Cappuccino

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El italiano Claudio Paccagnella, propietario del emblemático restaurante Il Cappuccino, conoció República Dominicana en 1988. Fue amor a primera vista, a juzgar por las veces que siguió viniendo después de esa primera visita.

Enamorado del excelente clima y del entorno, y al ver las oportunidades de negocio, decidió junto a un grupo de amigos emprender la aventura de abrir un resort en la zona de Bávaro. Ya tenían todo prácticamente listo, incluidos la compra del terreno y los permisos correspondientes, cuando en Italia estalló el escándalo del “Mani Pulite”, en 1992, y la economía del país europeo se tambaleó.

Claudio no se dio por vencido, sabía que la restauración era lo suyo y más en un país con gran potencial en la industria turística. Así fundó Il Cappuccino, en Santo Domingo, un establecimiento que luego de más de 25 años sigue en la preferencia de los comensales. “La cultura enogastronómica dominicana le debe mucho a Il Cappuccino. Fuimos los primeros en presentar al mercado la pasta fresca, los primeros en traer la semilla de rúcula al país y hemos sido pioneros en muchas otras cosas”, recuerda Claudio con orgullo.

Según él, una frase italiana reza: “Cada italiano alberga un restaurante dentro”. Y en su caso parece estar hecha a su medida. “Para mí la gastronomía es cultura. La curiosidad me movió a experimentar en algo que me gusta. No hay nada mejor en la vida que trabajar en lo que a uno le gusta. Sé que esta ocupación es esclavizante por la falta de tiempo libre –mi día dura 25 horas–, pero me divierte”, asegura.

Una oferta muy completa y variada

Ubicado en la calle Capitán Eugenio de Marchena, muy próximo al Teatro Nacional, el icónico lugar ofrece una experiencia completa, lo que en la actualidad se llama “360 grados”: entradas, pasta original italiana, pasta fresca, carnes rojas y blancas, pescados y mariscos, repostería y helados artesanales, todo elaborado según las tradiciones culinarias del país europeo. En ello también influye el chef Franco Franzin, quien ha estado desde la apertura y, según Claudio, eso garantiza continuidad en la calidad, algo que el cliente de siempre sabe apreciar.

Caracterizado por la innovación para mantener la calidad insuperable, Il Cappuccino se adapta a los nuevos tiempos. Por eso presentó en diciembre del año pasado su nuevo menú de pescados mediterráneos, una iniciativa que llevó dos años de estudio. “A mí el pescado me fascina; cada vez que voy a Italia lo primero que hago es comer pescado. El asunto es que en Europa tenemos otro tipo de pescado que no es el de océano. Hablo de peces de una libra, o libra y media; el Mediterráneo es como un lago profundo”, comenta.

La tecnología ofrece la posibilidad de incrementar la calidad de la carta, reconoce el propietario del restaurante. “Ahora podemos mantener el pescado a -30 °C y al descongelarlo es como si hubiera acabado de salir del agua. El pescado del Mediterráneo es muy delicado, más ligero y muy rico en omega 3”. Semejante innovación convierte a Il Cappuccino en único en su clase en República Dominicana al implementar esta modalidad con una gran variedad de opciones, para disfrute de sus fieles seguidores y de los nuevos clientes. En la nueva carta sobresalen platos que hacen delirar al sibarita que busca los mejores frutos del mar: Orata a la parrilla, Linguine con scampi in busara y Lenguado al forno.

El restaurante cuenta con servicio de “delivery”, aunque hay platos que no entran en esta modalidad, como la carbonara, carne a la parilla, pechuga de pollo, que se comen en el establecimiento, acabados de hacer.

L’Osteria

Otro espacio muy popular y ligado a Il Cappuccino es L’Osteria, un área más informal y desenfada, abierta para desayuno desde las 7:30 de la mañana, y con servicio de bar hasta que cierra a las 11:00 de la noche. “Surge con la evolución del propio Il Cappuccino. Teníamos la idea de que funcionara como bar, pastelería y heladería”, cuenta Claudio y aunque dice no ser pastelero ni heladero ni cocinero, sabía que el triunfo le sonreiría con un chef como Franco.

“Queríamos que toda la familia saliera satisfecha. También tenemos otro chef pastelero que lleva conmigo cinco años y ha presentado esta nueva línea de postres y repostería prácticamente de otro mundo, de lujo”, agrega. El gran exhibidor del local no pasa desapercibido. En él se aprecia una gran variedad de repostería dulce y salada, y el olor a pan caliente recién horneado, producido de forma artesanal, es un mimo a los sentidos.