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La floricultura, un tema de negocios y turismo

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En el municipio de Constanza las flores son como niñas mimadas. La producción de estos bellos cultivos es el sustento de numerosas familias de una zona privilegiada con un microclima ideal. Varias empresas trabajan arduamente todo el año para suplir al creciente mercado local con variedades nativas
e importadas.

Una de esas empresas es Jardín Constanza, perteneciente a la familia Sepúlveda, dedicada a este rubro desde 1975. Más de 40 años de esfuerzo y dedicación han dado sus frutos. Hoy este emprendimiento ostenta la calificación de marca ciudad y espera por la aprobación oficial del “Tour de las Flores”, un recorrido por sus sembrados e instalaciones para que el visitante, ya sea dominicano o extranjero, conozca de primera mano el proceso de producción.

Pasión que se hereda

Los cuatro hijos de Julio Sepúlveda, su presidente, están involucrados en el negocio. Todos coinciden en que cultivar flores es una manera de hacer que los dominicanos disfruten de uno de los regalos más hermosos de la madre tierra, y a la vez es una excusa para mantenerse en contacto con la naturaleza.

Jardín Constanza comenzó como un proyecto de tesis de universidad de la carrera de Agronomía de don Julio. Comprobada su factibilidad y con tantas flores en las manos, el recién graduado no sabía qué hacer con ellas. Las vendió y se percató de una oportunidad de negocios que se dedicó a desarrollar de inmediato. “Me llamaban loco por dedicarme a sembrar flores. Pero puedo afirmar con orgullo que la empresa ha progresado con recursos propios”, expresa con visible emoción.

El negocio se divide en Jardín Junar, empresa productora, y Jardín Constanza, empresa comercializadora. Solo suplen flores salidas de sus sembrados y algunas importadas, como las rosas provenientes de Ecuador y Colombia. En la actualidad poseen el 40 % del mercado dominicano del consumo de flores.

Las flores las cultivan en invernaderos ubicados en cinco proyectos –en Constanza y Bonao–, entre los que se destacan las fincas El Manantial, Las Palmas y Rosas de la Montaña. En esos extensos terrenos de plantaciones la familia Sepúlveda y su equipo de trabajo cultivan flores con procedimientos que respetan la naturaleza y el medioambiente. Además de reciclar las aguas residuales, la producción toma en cuenta el ahorro de agua y energía.

Modernidad y eficiencia

“Nos hemos modernizado y creamos la infraestructura más grande del país con un sistema de clima controlado, lo que se conoce como invernaderos inteligentes. Producimos de manera responsable y amigable con el entorno. Las fincas están ubicadas a diferentes alturas, con características climáticas peculiares que garantizan más variedades de hermosas flores y follajes de calidad mundial”, señala don Julio.

Unas mil tareas están destinadas a la producción. De ellas casi 400.000 m2 se encuentran bajo techo, cifra que representa el 80 % de todo el cultivo de flores y follajes. En los invernaderos, ubicados a una altura entre 900 y 1.450 m.s.n.m., se emplean hasta 17 nutrientes durante la fertirrigación.

Gran cantidad de los cultivos de Jardín Constanza son hidropónicos, plantados en piedras de origen volcánico provenientes de Alemania. “De esta forma evitamos que las plantas tengan contacto con el suelo para que no sean afectadas por bacterias y hongos”, explica don Julio. “El riego es por goteo. El agua que la planta no absorbe se canaliza y se distribuye de nuevo, por lo que no hay desperdicio”, añade Reynol Sepúlveda, hijo de don Julio y encargado de Operaciones y Promoción.

Explosión de colores

Las flores llegan a los clientes bien hidratadas. Una vez cortadas, no se usa agentes químicos para conservarlas, solo se dejan en agua por un día antes de ser distribuidas a las tiendas a la mañana siguiente bien temprano. Entre flores, rellenos y follajes se cultivan más de 100 variedades. Las más demandadas son margaritas, montecasinos, rosas, gerberas y anturios. Cada mes la producción ronda las 60.000 gerberas, 21.000 anturios (10.000 en época baja) y 20.000 paquetes de alstroemerias (de 10 a 15 tallos cada uno).

Fotografías: Yaniris Felipe
Kosaky Suberví