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Víctor Mitrov, un trompetista búlgaro en Santo Domingo

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En casa de Víctor Mitrov siempre se cantaba cuando sus padres recibían invitados. Él entonaba canciones desde niño y a los siete años inició los estudios de violín. Sabía que su camino era la música, le apasionaba escuchar a las “big bands”.

Su interés por la trompeta, que empezó a estudiar a los 12 años, surgió de los conciertos con Duke Ellington, Count Basie y otros grandes que veía en la televisión.

Mitrov nació el 27 de mayo de 1966 en Sofía, Bulgaria. Después del servicio militar se graduó de la prestigiosa Academia Musical de Sofía y entró a la Orquesta de la Radio de Bulgaria. Al poco tiempo se abrió la plaza de trompeta principal en la Filarmónica, un gran paso en su carrera. Tenía 21 años de edad y la Bulgaria socialista de finales de los ´80 vivía momentos de turbulencia política. “Mi familia siempre había sido anticomunista y yo tenía sentimientos muy fuertes en contra de ese régimen. A la par que trabajaba como músico, participaba en mítines y manifestaciones, hasta que en 1989 el régimen se vino abajo”, recuerda Mitrov. Su trayectoria orquestal también incluye la Orquesta Juvenil de Suiza, la Filarmónica de Sofía y la Orquesta de la Academia Chigiana de Siena, Italia. 

A República Dominicana llegó gracias al músico Michel Camilo. “Ese nombre representaba República Dominicana para mí. Me atrajo el trabajo con la Sinfónica. En aquel entonces era director el maestro Julio de Windt. Por supuesto, me encantó la calidez de la gente y estilo de vida más tranquilo que experimenté al inicio”. Mitrov es de esos inmigrantes que poco a poco se van arraigando, “sobre todo con el aprecio de los que reconocen tu talento y tu trabajo. Aquí me siento en casa”.

A estas alturas de su carrera le encantaría hacer música para cine. Tuvo la gran experiencia de conocer y trabajar con el maestro Ennio Morricone, el autor de la banda sonora de Cinema Paradiso, Días del cielo y otras grandes obras cinematografía. “Es una persona de temperamento explosivo, en ocasiones puede ser muy difícil. Con él grabé varias veces a solas en la cabina y de verdad que fue un reto”. Como proyecto personal llegó a fundar Caribbean Brass, un quinteto de metales que reunió a buenos amigos músicos, pero en la actualidad permanece dormido, en espera del momento de volver a la escena.

Hace diez años Mitrov empezó a alternar su labor trompetista en la Sinfónica Nacional con la música popular. “Fue algo que arrancó como hobby, pero al ver cómo le gustaba a la gente, decidí llevarlo más en serio. De chiquito cantaba, esa faceta siempre la tuve latente y la disfruto tanto como el trabajo sinfónico. Gran parte de mi tiempo lo dedico ahora a cantar y a hacer arreglos de piezas para ampliar mi repertorio”, explica el versátil músico.

Sus presentaciones son un valor añadido a las ofertas de turismo cultural de República Dominicana, pues tienen lugar en clubes, hoteles y actividades donde lo contraten. “Trabajo mucho en Santo Domingo, pero también en sitios turísticos, como Punta Cana, que me encanta. Lejos de llevar un estilo de vida bohemio, como hacen muchos, trato de llevar una vida sana, con una buena alimentación, ejercicios, no fumo, solo puros en ocasiones especiales, y bebo muy poco”, confiesa.

Según Mitrov, la Orquesta Sinfónica Nacional tiene todas las posibilidades para insertarse en los clusters turísticos. “En la capital se celebra cada dos años un evento internacional, el Festival Musical de Santo Domingo, organizado por la Fundación Sinfonía y con el apoyo del Ministerio de Cultura. En marzo se celebró su octava edición. Este tipo de eventos de calidad debería repetirse con más frecuencia y dársele toda la promoción y el apoyo posibles. Seguramente atraerían un turismo cultural que combinaría las bellezas naturales y el clima suave del país con la buena música”.

Mitrov es también un fanático del fútbol y de los viajes. “Mi esposa y yo tratamos de viajar lo más que podemos para asistir a conciertos, óperas, eventos musicales…”. Se considera un protector de los animales, razón por la cual desde hace años ya no ingiere carne ni usa nada de piel natural (correa, zapatos, cartera). Algo que no puede pasar por alto es su recomendación a los jóvenes trompetistas que quieren abrirse paso en este mundo: “Que busquen un buen profesor y que trabajen mucho, pues esas han sido las claves de mi éxito, aparte de añadir mucho amor por lo que hago y un compromiso interminable con la excelencia. Mi vida gira en torno a la música”. Así piensa este “showman” búlgaro-dominicano-aplatanado.

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