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Renato Bonarelli Caminero

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El hijo menor siente cierta presión si nació en el seno de una familia emprendedora reconocida por la sociedad. Para Renato Bonarelli Caminero, ser el benjamín de una estirpe de amplia trayectoria en el mundo de la gastronomía y con un apellido que es sinónimo de excelencia en el servicio y la calidad, significa mucho.

 

Orgullo y responsabilidad son las dos palabras que vienen a la mente de Renato al hablar de su inserción en el ámbito laboral creado por la familia. El menor de cuatro hermanos confiesa que les ha dicho ‘no’ a “oportunidades profesionales para poder vivir lo que me ha tocado”. Hoy es el gerente administrativo de un exitoso grupo empresarial, Bonacam, que cuenta entre sus establecimientos al VesuvioTiradentes, uno de los restaurantes más emblemáticos de la capital dominicana.

Hay quien se pregunta qué hace que un restaurante como el Vesuvito –como cariñosamente también se le conoce– se mantenga durante 40 años en la preferencia del público, en un sector de constante competencia como el gastronómico. La respuesta de Renato es directa: “Presencia, sacrificio y constante innovación”. Lo que Gaetano y Roxanna comenzaron en 1972 como una sucursal del hoy tradicional Vesuvio Malecón, lo han continuado sus hijos Giancarlo, Salvatore, Aldo y el benjamín, que ni siquiera había nacido cuando se inauguró.

Cuando abrió sus puertas, en enero de aquel año, el entonces restaurante era una pizzería con terraza abierta y horno a la vista de los clientes. Luego de varias remodelaciones se convierte en un restaurante más formal, con un variado y exquisito menú, que seguía los pasos de la historia de éxito que el abuelo Bonarelli, un visionario italiano, sembró en República Dominicana.

Renato sabe que la cocina de sus ancestros europeos es mucho más que pizza y pastas. “La gastronomía italiana es la más variada dentro del Viejo Continente, ya que es una cocina regional que agrupa diferentes estilos y formas de degustar un producto en dependencia de la región”, afirma, y cuenta cómo el Vesuvito empezó con una oferta limitada de pizzería y a medida que el gusto y las exigencias de los clientes fueron creciendo, de igual forma se diversificaba la oferta del restaurante. “Nuestro menú ha variado a través de los años, de cocina italiana a internacional, y en la actualidad estamos volviendo a lo básico, a una cocina puramente italiana identificada con nuestro sello, que consiste en ofrecer los productos más frescos y de la más alta calidad”.

Elegir un plato como favorito de la variada carta del restaurante es tarea difícil para Renato. “Por suerte he aprendido a disfrutar de todo, pero mis favoritos pueden ser el Polpetinni y los Buccatinniall’matriciana. Nuestro famoso carrito de antipastos, los Scargots Vesuvio y la Cottoleta a la parmesana son tradiciones que debo recomendar”, dice de manera convincente.

Además del VesuvioTiradentes, el grupo Bonacam fundó y ha comercializado el nombre de Mitre. “Tenemos varios proyectos tanto en el área de la restauración como inmobiliaria. El sector de la restauración es más competitivo, pues existen menos barreras de entrada, pero a la vez su costo operativo es mayor. Por supuesto, hay espacio para nuevos establecimientos de excelencia”, refiere.

Considera que el mayor legado de sus padres a él y a sus tres hermanos es la unión familiar y el trabajo honesto. “Estoy muy orgulloso de ambos. Juntos hemos vivido momentos muy buenos y no tan buenos”. De pequeño quería ser economista. “Recuerdo que cuando iba al súper con mi madre, sacaba cosas del carrito que no necesitábamos”. Lo que más le gusta de su profesión es el arte de mezclar factores microeconómicos con administrativos, siempre de acuerdo con la visión del grupo.

Si no estuviera vinculado al área administrativa del sector de la restauración, le hubiera gustado incursionar en la ingeniería industrial, un campo que siempre lo ha intrigado. La vida de Renato no solo es trabajo. A pesar de sus muchas ocupaciones, también le queda tiempo para practicar deportes, ir al gimnasio y viajar, ya sea de excursión o fuera del país. En esos momentos, cuando le toca hacer de extranjero, se vuelve proactivo en su afán por conocer nuevas culturas y estilos de vida. “Como cliente y comensal me considero muy detallista, presto mucha atención al ambiente, la decoración, la calidad de los productos y los sabores de los platos”.