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Un Oriente ya no tan lejano

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Acabo de regresar de un viaje por el Lejano Oriente y describir en una cuartilla todo el encanto cultural de ciudades fascinantes que visitamos en un recorrido que toca 16 puertos en diez países diferentes, es algo menos que imposible. Sin embargo, es oportuno refrescar a mis lectores, tópicos a tener en cuenta cuando se visitan destinos exóticos con usos, costumbres y tradiciones tan diferentes a los nuestros. No está demás revisar un poco la historia y actualizar conocimientos sobre lo imprescindible que debe conocer el viajero.

No es verdad que el inglés es el idioma universal. En China, Corea, Tailandia, Taiwán, Rusia y Vietnam, comunicarse con adultos no es fácil, usted tiene que jugar al “Dígalo como pueda” para salir de apuros y no siempre ellos se muestran amables con los visitantes. Otro recurso es hacer un muestreo al azar para encontrar entre los más jóvenes a los que hablan inglés o un poquito de español. Japón es otra fragancia. Ahí casi todos hablan inglés y el que no sabe sonríe y busca cordialmente a alguien que ofrezca el servicio. La comunicación por la vía telefónica es compleja por esos lares, pues las tarjetas que venden no siempre logran establecer contacto. Yo tomé la previsión de solicitar en la Cancillería los teléfonos de las misiones diplomáticas acreditadas en las ciudades que tocaríamos y no logramos comunicarnos con nadie en ningún momento.

No tengo dudas de que nosotros como país tenemos muchos problemas, pero tal vez o sin tal vez, somos de los más avanzados en el servicio de comunicación nacional e internacional que ofrecemos al visitante. Por suerte existe la comunicación urbi et orbi que facilita internet y siempre que el satélite lo permite, por la red todo es posible. Es importante conocer la temperatura de los puertos que toca para coordinar la ropa de invierno que pueda necesitar.

Recuerde que las líneas aéreas solo admiten 25 kilogramos (50 libras, aproximadamente) no importa la clase que pague. Es prudente también familiarizase con las tasas de cambio porque en todas partes … se cuecen habas. En mi experiencia lo más seguro es el uso de las tarjetas -Visa y Master Card y American Express, no fallaron y la tasa casi siempre favorece al tarjetahabiente.

En todos los puertos visitados hubo acoso de vendedores, menos en Japón y Singapur, hermosa ciudad que me impactó por el orden, limpieza sanitaria, personas amables, educadas, respeto al medioambiente, transporte organizado y una legislación estricta respecto al uso y tráfico de estupefacientes. No tienen ese problema. ¿Por qué? Porque al que atrapan con drogas -Sayonara- no le dan tiempo a comunicarse ni mucho menos le permiten acomodar su celda.

Otro punto importante es entrenarse con ejercicios para fortalecer las rodillas. Antes de viajar a China a visitar la Gran Muralla y la Ciudad Prohibida hay que hacer un taller para usar los sanitarios, sobre todo las señoras que usamos pantalones. A veces se pueden encontrar inodoros occidentales, pero casi todos -limpios y sucios- son para usarlos en cuclillas. Sin embargo, a los de Japón y Singapur da gusto entrar aún en las paradas de las autopistas. Ahí hay que quitarse el sombrero. Limpiecitos, nítidos. Tienen agua caliente y una consola digital para todo el uso que usted desee darle mientras fluyen las ideas, incluyendo música.

Con respecto al virus AH1N1, para bajar a los puertos que tocaban Japón, las autoridades sanitarias subían al crucero vestidas como van los médicos al quirófano a examinar a todos los pasajeros y tripulantes. Cuando digo todos es todos incluyendo al capitán, y antes de permitir que alguien pisara tierra, nos pasaban por un escáner de temperatura y nos entregaban la mascarilla que debíamos usar durante la visita. No importa lo que suceda, las personas siempre tendrán motivos para viajar y uno de ellos puede ser constatar si los que digo es cierto. Por que viajar sigue siendo la forma más placentera de adquirir conocimientos. ¡Hasta la próxima entrega!