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CRISPR ¿Demasiado cerca del Creador?

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Aunque no es una creación de científicos, sí es un descubrimiento asombroso y a la vez invita a reflexión sobre el alcance de ciertas tecnologías y sus implicaciones éticas. CRISPR, siglas en inglés de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats (repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas), son segmentos de ADN o ácido desoxirribonucleico.

Dicho en cristiano, el ADN es el manual de instrucciones genéticas para cada uno de los seres vivos. Por poner un ejemplo, es el responsable que se pueda identificar de qué familia descendemos, ya sea por la forma de nuestras orejas (herencia) u otras características. En las repeticiones cortas de bases el elemento primordial lo constituye el ADN. Entre una repetición y otra hay segmentos cortos de ADN espaciador que provienen del contacto previo con un virus.

Las secuencias resultaron misteriosas para los científicos cuando por primera vez observaron estas repeticiones (1987), pero al avanzar la tecnología de secuenciación de genes se dieron cuenta que las secuencias de ADN de virus en los espaciadores era la forma en que los microbios se defendían de los que les atacaban. Se dieron a la tarea de “cortar y pegar” secuencias de los virus en los CRISPRs de los microbios para poder identificar el virus cuando atacara de nuevo y defenderse del mismo.

Para defenderse, el microbio utiliza dos herramientas, ARN, o ácido ribonucleico, que es como el mensajero que el ADN utiliza para las instrucciones en la creación de proteínas de las células, y enzimas CAS (CRIPSR associated systems). El ARN tiene la “foto” del virus que andan buscando (esa foto viene de los segmentos de ADN del virus que está en los espaciadores)  y cuando lo identifica el CAS corta la secuencia correspondiente en el ADN del virus para impedir su reproducción.

Cut & Paste

Lo que llamó la atención del proceso son las aplicaciones resultantes de poder dominar la “edición génica”, es decir, cortar el segmento identificado por ARN. La primera de estas aplicaciones se llevó a cabo en una empresa fabricante de yogur, proceso que depende en la habilidad de bacterias de convertir la leche en ese producto. Si un virus ataca y mata esas bacterias, como de hecho sucedía, eran malas noticias para la producción.

El arma que utilizaron para defender a las bacterias fueron células CRISPR, de manera que las bacterias pudieran defenderse de los ataques de los mencionados virus Cas haciendo los cortes en los genes de los virus guiados por el ARN. Nada, todo un sistema de “misiles inteligentes”. El próximo paso de avance no solo fue cortar la secuencia que no queríamos, sino pegar la que sí necesitábamos para obtener una mutación deseada en los genes. En la actualidad para esta edición se utiliza CRISPR/Cas9 como herramienta de edición.

Aplicaciones

Obviamente la primera y más urgente que viene a nuestra mente es la médica, de cómo combatir y erradicar enfermedades como el cáncer, VIH, Huntington… Imaginen que gracias a este proceso de edición pueda crearse un mosquito Aedes aegypti que no trasmita dengue, zika o chikungunya. Otra muy deseable son las aplicaciones agrícolas, con cepas resistentes a enfermedades que acaben las posibilidades de seguridad alimentaria en el planeta. Además de garantizar suministro de alimentos, esto reduciría el uso de insecticidas o plaguicidas, que es una plaga en sí. Aunque los avances puedan ser más notorios en la agricultura, grandes esperanzas están puestas en las aplicaciones médicas y farmacéuticas, que aún lejos de eliminar las enfermedades antes mencionadas, los avances indican que será una realidad.

Y como siempre, vigilancia

Conscientes de la capacidad del ser humano de mal utilizar todo lo que descubre, queda siempre la posibilidad que esta tecnología se utilice para cosas que vayan en detrimento de la humanidad, como armas biológicas trasmitidas –por ejemplo– por mosquitos “editados”, mutaciones no deseadas en humanos o animales y creación de especies que destruyan el equilibrio ecológico.

Es preocupante que desde hace ya tres años haya una guerra de patentes en relación con una tecnología que puede ser una bendición o una maldición para la humanidad. Se trata de una tecnología con la que alguien puede llegarse a creerse Dios. Y es preciso que algo así no caiga en manos privadas. En esos casos entendemos mejor que, independientemente de quién descubrió la tecnología, la misma quede en manos de universidades y con una estricta vigilancia estatal, ya que las implicaciones éticas del mal uso serían gravísimas.