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Editorial 210

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A menos de un año para celebrar las elecciones presidenciales, la República Dominicana empieza a vivir ese ambiente de euforia casi incontrolable; muy pronto veremos convocatorias multitudinarias, las excesivas caravanas y seremos testigos de campañas en las que los distintos partidos exponen sin miramiento sus propuestas. Como bien señalan los medios de prensa y las redes sociales, este año preelectoral viene con una temperatura de alto grado y se vaticinan paros, huelgas y manifestaciones. Los sindicatos y grupos de presión se harán sentir –que a nadie le quepa duda–, los ánimos se caldearán, como suele suceder cuando los involucrados desean hacer prevalecer sus opiniones a toda costa. Me preocupa esta campaña electoral en lo que pueda afectar la actividad turística. Conscientes de que el país no termina el 16 de mayo del 2020, todos debemos aunar esfuerzos para tratar por todos los medios posibles que la percepción del visitante que nos elige para pasar sus vacaciones o que llega como parte del segmento MICE, no perciba la vorágine electoral como un obstáculo estresante para su disfrute. No queremos que el turista se lleve una imagen equivocada del dominicano, que con su hospitalidad y buen carácter es el principal activo de nuestra pujante industria. Los partidos políticos están llamados a hacerle frente y salir airosos de sus principales procesos internos, mientras la Junta Central Electoral (JCE) tiene en sus manos las leyes y reglamentos para hacer valer su credibilidad y llevar a buen término los esperados comicios. El organismo electoral tiene ante sí otra prueba de fuego: lograr que las campañas proselitistas no entorpezcan la vida de los ciudadanos dominicanos ni la tranquilidad del visitante. Más allá de entrar en detalles de cómo se maneja cada partido, quiénes son sus candidatos y cuáles sus aspiraciones, lo que todos debemos es ocuparnos porque la conducta de los actores involucrados en el proceso electoral –y sus seguidores– sea responsable y esté acorde con los intereses del país, entre ellos el turismo como locomotora indiscutible de la economía. No solo nos preocupa la imagen que demos al turista, también el fluir de un proceso que no debe ser sinónimo de huelgas, paros y disturbios que vayan en detrimento de la economía. Ahora bien, si los que tienen la obligación de hacer las cosas pensando en el bien común se equivocan, los dominicanos podemos dar el ejemplo y en silencio ir a cumplir el deber del sufragio, acogiendo el mandato de la carta magna en sus artículos 4 y 208 que transcribo a continuación.

CAPÍTULO I DE LA NACIÓN DE SU SOBERANÍA Y DE SU GOBIERNO

Artículo 4.- Gobierno de la nación y separación de poderes. El gobierno de la nación es esencialmente civil, republicano, democrático y representativo. Se divide en Poder Legislativo, Poder Ejecutivo y Poder Judicial. Estos tres poderes son independientes en el ejercicio de sus respectivas funciones y sus encargados son responsables y no pueden delegar sus atribuciones, las cuales son únicamente las determinadas por esta Constitución y las leyes.

TÍTULO X DEL SISTEMA ELECTORAL CAPÍTULO I DE LAS ASAMBLEAS ELECTORALES

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Artículo 208.- Ejercicio del sufragio. Es un derecho y un deber de ciudadanas y ciudadanos el ejercicio del sufragio para elegir a las autoridades de gobierno y para participar en referendos. El voto es personal, libre, directo y secreto. Nadie puede ser obligado o coaccionado, bajo ningún pretexto, en el ejercicio de su derecho al sufragio ni a revelar su voto. Párrafo.- No tienen derecho al sufragio los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, ni quienes hayan perdido los derechos de ciudadanía o se encuentren suspendidos en tales derechos. Bendiciones para todos.